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01 Concepciones Diferentes
02 El Autosoterismo
03 El Sacerdotalismo
04 El Universalismo
05 El Calvinismo

Ch 01 Concepciones Diferentes

El objeto al que nuestra atención se dirige en esta serie de conferencias está ordinariamente considerado como “EL PLAN DE LA SALVACIÓN . Su designación más técnica es, El Orden de los Decretos”. Y esta designación tiene la ventaja sobre la más popular de definir con mayor claridad el punto de vista del material objetivo. Esta no se confina comente al proceso de la salvación misma, sino que está hecha de modo general para incluir todo el curso de la relación divina con el hombre, que termina en su salvación. La creación no está claramente incluida en él, y de paso la caída y la condición a que el hombre se vio reducido por ella. Esta parte del tema de la materia puede, sin embargo, ciertamente con alguna propiedad mirarse más bien con el carácter de una presuposición que como una parte substantiva del objeto de la materia misma; y ningún serio mal se haría si nos atenemos a la designación más popular. Su máxima concreción le da tina ventaja que no debe ser estimada en poco: y sobre todo tiene el mérito de hacer mucho énfasis sobre la materia principal, la Salvación. Las series de actividades divinas que se toman en consideración se suponen, en todo caso, circular alrededor de su centro, y tener como su meta próxima, la salvación del hombre pecador. Cuando las implicaciones de éste se consideren claramente, no parece requerir muchos argumentos para justificar la designación del todo por el término “EL PLAN DE LA SALVACIÓN.”

No parece necesario detenerse para discutir la previa cuestión de si Dios, en sus actividades salvadoras, actúa sobre un plan. Que Dios actúa sobre un plan en todas sus actividades, está ya
indicado en el teísmo. En cuanto al establecimiento de un Dios personal, esta cuestión es indisputable. Por persona debe entenderse propósito: precisamente lo que distingue a una persona de un objeto inanimado es su modo de acción determinativa, que todo lo que hace se dirige a un fin y procede por elección de medios hacia ese fin. De igual manera el deísta, por lo tanto, debe admitir que Dios tiene un plan. Podemos, indudablemente, imaginarnos una forma extrema de deísmo, en la que se puede afirmar o argüir que Dios no se interesa de todo lo que sucede en este universo; que habiéndolo creado, se hizo a un lado y lo dejó seguir su curso propio sin tornar en cuenta lo que pueda sucederle al fin, sin pensar más en él. Es innecesario decir, sin embargo, que no existe ninguna forma de tal deísmo realmente, aunque extraño parezca decir, hay algunos, como tendremos ocasión de observar, que parecen pensar que en las cuestiones particulares de la salvación del hombre, Dios actúa en una forma irresponsable.

Lo que el verdadero deísta apoya es la ley. El piensa o se imagina que Dios ha sometido su universo no a un capricho imprevisto e impreparado, sino a un orden, a una ley que Dios sí ha impreso en su universo y para la dirección de lo cual él seguramente puede dejarlo. Es decir, aun el deísta se imagina que Dios tiene un plan: plan que abraza todo lo que sucede en el universo. Sólo difiere con el teísta en cuanto a las formas de actividad por las que piensa que Dios desarrolla su plan. El deísmo implica una concepción mecánica del universo. Dios ha hecho tina máquina, y recisamente porque es tina buena máquina, puede dejarla para desarrollar, no sus fines propios, sino los de Dios. Así podemos nosotros hacer un reloj y entonces, porque es un buen reloj, dejarlo marcar los segundos y señalar los minutos, y dar las horas v notar los días d el mes, además de dar a conocer las fases de la luna y el acompañamiento de las mareas, y si nosotros preferimos podemos poner dentro un cometa que aparecerá en la esfera, pero tina sola vez en la vida del reloj, no irregularmente, sino cuándo, dónde y cómo le hayamos arreglado para que aparezca. El reloj no seguirá su propio camino: seguirá nuestro camino, el camino que hemos arreglado para que vaya; y el reloj de Dios, el universo, no sigue su camino, sino el de El como El lo ha ordenado, procediendo los acontecimientos inevitables con precisión mecánica.

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Folleto ig036 Diáconos Bíblicos: La Cultura de Servicio
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